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El Senado y su puerta de atrás


Publicado el 29/02/2004 a las 23:00

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Continuando con el análisis sobre la estructura del Senado de la República para así sustentar la
tesis de que esa cámara legislativa ha dejado de ser el foro auténtico de la representación de los
Estados en el pacto federal, el Senador y Presidente del Partido Verde Ecologista de México
(PVEM), también conocido públicamente como “El Niño Verde”, nos ha regalado una joya que no
podía haber sido más oportuna para nuestro trabajo editorial.

Ya todos fuimos testigos, a través de un video casero, de la manera en que este afanoso tribuno
utiliza su posición como legislador para emprender negocios personales sirviéndose del tráfico de
influencias, para lo cual hace gala de un florido lenguaje que haría palidecer al más distinguido
integrante de la porra del Toros Neza.

Hoy todos critican el hecho pero lo cierto es que en lugar de proponernos la erradicación del
cáncer que representan los partidos familiares cuya subsistencia nos cuesta una fortuna a los
contribuyentes, la disputa es por la dirigencia y explotación de ellos y no por su desaparición,
como bien apuntó en su Sobremesa nuestro buen amigo René Delgado.

Y es que el Partido Verde se ha convertido en una auténtica mercancía intercambiable. No debe
olvidarse que Vicente Fox llega a la Presidencia de la República de la mano del PVEM en su
histórica Alianza por el Cambio; y que el PRI se impone en las elecciones del año pasado en el
Estado de México gracias, también, a su alianza con ese partido.

Pero más allá de su reciente y bochornoso episodio, hay que recordar cómo fue que el Niño
Verde llegó a ser Senador de la República. Esta es la historia.

Resulta que el 29 de julio de 1999 se publicó en el Diario Oficial la reforma al artículo 58 de la
Constitución según la cual la edad mínima para ser Senador se redujo de 30 a 25 años. La
iniciativa correspondiente, del 27 de abril de 1998, estuvo a cargo de los diputados Gloria Lavara
Mejía (PVEM), actual senadora y beneficiaria de la enmienda pues tenía 28 años cumplidos
cuando llegó al Senado en el 2000; el panista Israel Hurtado Acosta, actual Director General de
Comunicación Social de la Secretría de Comunicaciones y Transportes y Jacaranda Pineda, del
PRI.

La Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales que el 14 de diciembre de ese año
dictaminó favorablemente la iniciativa, aunque proponiendo que en lugar de 25 fuera de 28 años
la edad mínima para ser Senador la integraban, entre otros, los diputados Santiago Creel, actual
Secretario de Gobernación; el propio Jorge Emilio González Martínez; Juan Miguel Alcántara,
Carlos Medina Plascencia, Francisco José Paoli y Juan José Rodríguez Prats, todos ellos del PAN;
así como Pablo Gómez, Porfirio Muñoz Ledo, y Demetrio Sodi, del PRD; y Enrique Jackson y Fidel
Herrera, actuales senadores del PRI.

Con una votación de 391 a favor y 51 en contra, los diputados remitieron la minuta al Senado. No
pasó desapercibido entonces, según palabras del diputado independiente Miguel Ángel Garza, la
verdadera razón de ser de la iniciativa ya que se trataba “de dar seguimiento a la carrera política
de un jovencito que todos conocemos aquí en la Cámara”, en alusión directa al Niño Verdequien
en aquel entonces tenía 26 años de edad y con quien mantuvo una confrontación tal que provocó
su salida del PVEM.

Todos sabían de qué se trataba el asunto. El PVEM había sido útil en diversas decisiones
legislativas de aquellos tiempos y a cambio había presentado una costosa factura para el país: la
modificación al 58 constitucional.

Fue el propio Senado de la República el que, al recibir la minuta de su colegisladora decidió
atender la iniciativa de los jóvenes diputados y dictaminó que la edad mínima para ser senador
sería de 25 años y no de 28 como propuso la cámara de origen. El razonamiento seguido por la
Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales del Senado fue en el sentido de que “un ser
humano de 25 años tiene ya capacidad de actuar con reflexión reposada y con prudencia”.
El dictamen senatorial regresó a San Lázaro el 30 de abril de 1999 y fue aprobado por 330 votos a
favor y 46 en contra.

“Nuestro sistema debe demostrar que cualquier joven pueda ser capaz, con esfuerzo, con
vocación, con preparación y limpieza de miras de coadyuvar a la transformación del país” rezaba
la exposición de motivos de la iniciativa; mientras que el dictamen de los diputados afirmaba que
“se trata de una reforma constitucional congruente con la Reforma Política del Estado Mexicano”.

Así pues, una enmienda constitucional proveniente de diputados del PRI, PAN y PVEM,
dictaminada y aprobada por quienes hoy tienen en sus manos el rumbo político del país hicieron
posible que el Niño Verde entrara a la vieja casona de Xicotencatl y acabara de un plumazo con
aquella tesis de que el Senado era para los hombres prudentes y maduros.

Bien decía don Manuel Herrera y Lasso que “el secreto de las reformas constitucionales en
nuestro país estriba en que se atiende al efímero interés del momento y se olvida el respeto a las
instituciones”.

En pocas palabras. No se quejen, ilustres políticos, pues ustedes crearon este monstruo.

Sobremesa
Alguien debería avisarle al Presidente de Cofetel, Jorge Arredondo, que el Decreto de creación
del organismo le obliga, en su artículo quinto, fracción IV, a expedir y publicar un informe anual
con los resultados de sus acciones en materia de telecomunicaciones.

Lleva ya más de dos años y tres meses en el cargo y no ha publicado un solo informe. ¿O será
que no hay resultados que divulgar?

Artículo publicado en el Periódico El Universal